Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.
Hay una pequeña reacción en cadena en este versículo que vale la pena rastrear: la confianza lleva a la ayuda, y la ayuda lleva al gozo. "En él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón." No es un gozo que aparece de la nada — es un gozo que llega después de que algo específico sucede primero.
Eso es útil de notar si el gozo siempre te ha parecido un estado de ánimo que tienes o no, algo que aparece al azar o ni aparece. Este versículo lo describe de otra manera — como respuesta a haber sido realmente ayudado, en un momento en que la ayuda era necesaria y la confianza se depositó primero en algún lugar.
Tal vez seas escéptico de que confiar en un Dios invisible pueda llevar a algo real. Es justo cuestionar eso en lugar de simplemente asumirlo. Pero vale la pena notar lo que este versículo realmente afirma: no un positivismo ciego, sino una secuencia vivida — confianza, luego ayuda, luego un corazón que no puede evitar cantar por ello. Es un tipo de afirmación comprobable, no solo un sentimiento para fabricar.
Si nunca has probado si confiar en Dios realmente lleva a algún lugar, ese experimento podría valer la pena comenzarlo con honestidad.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.