Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
Hay algo casi físico en este versículo — una mano sosteniendo otra mano. No una promesa distante ni una idea filosófica sobre la providencia, sino un agarre. "Quien te sostiene de tu mano derecha." Es el tipo de cosa que le dirías a un niño cruzando una calle transitada, o a alguien al borde de un precipicio.
Y nota que la razón dada para el valor no es "no pasará nada malo." Es más simple y más honesta que eso: "yo te ayudo." No es la promesa de un camino sin dolor, sino la promesa de compañía en él — una mano que no suelta a mitad de camino.
Si has estado cargando miedo por algo específico últimamente, este versículo no te pide que te convenzas de que el miedo no existe. Ofrece una pregunta distinta: ¿y si el miedo es real, y aun así no estás solo en él? Es un tipo de consuelo más pequeño y más honesto que el que ofrece la mayoría de la autoayuda — y quizás más creíble.
Si cargas un miedo que aún no le has dicho en voz alta a nadie, puede valer la pena preguntarte si Dios es alguien a quien podrías decírselo.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.