Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.
Las raíces no se ven. Ese es un poco el punto — todo lo visible de un árbol depende de algo bajo tierra que nunca verás desde afuera. Este versículo describe una vida de la misma manera: arraigada en Cristo, edificada en él, y solo entonces, abundando.
Si alguna vez viste a alguien pasar por algo brutal y mantenerse firme de un modo que parecía casi irracional, tal vez eso era parte de lo que estabas viendo. No una actuación de calma, sino algo por debajo haciendo un trabajo silencioso, nada glamoroso — del tipo que hacen las raíces, fuera de la vista, sosteniendo todo lo demás.
La gratitud, al final de este versículo, no es un estado de ánimo que te obligas a tener. Es lo que suele aparecer de forma natural cuando algo está realmente arraigado en terreno firme. No tienes que forzar el fruto. Solo necesitas preguntarte en qué — o en quién — tendrías que estar arraigado para que crezca por sí solo.
Si alguna vez quisiste ese tipo de firmeza que no es solo fuerza de voluntad, vale la pena preguntarte qué significaría estar arraigado en Cristo, y no solo creer datos sobre él.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.