No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Tres verbos se acumulan rápido en este versículo: fortalecer, ayudar, sostener. Es casi como si el autor supiera que una sola promesa no sería suficiente — que el miedo necesita ser respondido desde varios ángulos a la vez, porque rara vez viene de una sola dirección.
Lo que resulta fácil pasar por alto es lo que viene justo antes de los tres: "porque yo estoy contigo." El fortalecimiento, la ayuda y el sostén no son actos separados que Dios realiza a distancia. Fluyen directamente de la presencia. Esto no es una fórmula ni una técnica para manejar el miedo — es una persona, quedándose cerca, en medio de lo que sea que te esté asustando.
"No temas" puede sonar como una orden que estás fallando en obedecer cuando de todos modos sientes ansiedad. Pero mira en qué se apoya realmente: no en tu capacidad de dejar de sentir miedo, sino en el compromiso de otro de sostenerte pase lo que pase. Es un tipo de instrucción muy diferente — menos sobre tu desempeño, más sobre su mano firme.
Si el miedo se ha sentido como un fracaso que no puedes dejar de tener, este versículo señala una mano firme que no depende de tu serenidad.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.