Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.
Existe un tipo particular de fracaso que viene de decidirlo todo solo, dentro de tu propia cabeza — el plan que parecía perfecto hasta que la realidad lo golpeó desde un ángulo que nadie había considerado, porque no había nadie más en la sala para notar el punto ciego. Este proverbio no le llama mala suerte. Le llama predecible.
Muchos tratamos pedir consejo como una debilidad, como si probara que no podíamos solos. Pero este versículo invierte eso — los planes se afirman en la multitud de consejeros, no a pesar de necesitar ayuda, sino gracias a recibirla. El aislamiento no es independencia. Casi siempre es solo un punto ciego esperando ocurrir.
Si sueles tomar grandes decisiones a solas, en silencio, sin dejar que nadie más opine de verdad, esto vale la pena tomarlo como algo personal. No porque tus instintos sean malos, sino porque incluso los buenos instintos tienen puntos ciegos que solo otros ojos pueden ver.
Si has estado cargando una decisión completamente solo, tal vez valga la pena preguntarte a quién — o qué sabiduría — has dejado fuera de la sala.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.