Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.
Solemos tratar el conocimiento como algo que extraemos nosotros mismos — leer lo suficiente, estudiar lo suficiente, vivir lo suficiente, y con el tiempo entenderemos. Este versículo sugiere una fuente completamente distinta: que el entendimiento real viene de fuera de ti, se ofrece en vez de extraerse.
Vale la pena pensarlo si alguna vez has llegado al límite de tu propia capacidad de resolver las cosas. Quizás tomaste cada decisión razonable con la información que tenías y aun así terminaste perdido. Quizás has visto a gente genuinamente inteligente tomar decisiones devastadoras. Inteligencia y sabiduría no son lo mismo, y este versículo señala la brecha entre ambas — la parte que no se puede simplemente estudiar hasta que exista.
No tienes que abandonar tu propio razonamiento para considerar esto. Es solo una invitación a preguntarte si parte de la claridad que buscas no es algo que generas, sino algo que recibes.
Si tu propio intento de resolverlo todo chocó contra una pared, tal vez valga la pena pedirle a una fuente fuera de ti lo que realmente necesitas.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.