Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
Dos palabras sostienen este versículo: eterno y leal. No un amor que aparece fuerte por una temporada y luego se apaga. No un amor que depende de cómo va la relación esta semana. Eterno significa que nunca dependió del momento oportuno. Leal significa que aún no ha encontrado su límite.
Jeremías escribió esto a personas que tenían todo motivo para pensar que Dios había terminado con ellas — exiliadas, dispersas, viendo cómo se derrumbaba todo lo conocido. En medio de ese desorden, esto fue lo que se dijo: con amor eterno te he amado. No un amor que comenzó después de que se arreglaran, sino uno que ya corría todo el tiempo, por debajo del colapso.
Si tu propia imagen de Dios está formada por decepción, o silencio, o un pasado religioso que se sintió más como actuación que como amor, este versículo no te pide que borres eso. Solo pone algo distinto al lado, y te deja decidir qué hacer con el contraste.
Si tu imagen de Dios ha sido formada sobre todo por decepciones, quizás valga la pena preguntarte si ese es el Dios que realmente conociste.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.