Porque el Señor no desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias.
"El Señor no desecha para siempre." Es una forma curiosa de dar consuelo — no "él nunca causa aflicción", sino "la aflicción no es el final de la historia". Este versículo no pasa por alto el dolor. Le pone un límite.
Si alguna vez tuviste una temporada en la que sentiste de verdad que te habían dejado de lado — por las circunstancias, por personas, tal vez incluso por Dios, hasta donde podías notar — esta frase habla directamente a ese sentimiento sin descartarlo como algo imaginado. Admite que la aflicción es causada. Solo se niega a dejar que la aflicción tenga la última palabra.
No necesitas creer que tu momento difícil actual ya terminó para encontrar algo aquí. La afirmación no es que el dolor no fue real. Es que lo que te está pasando ahora no es un veredicto para siempre — que la compasión, según esta frase, es lo que de verdad espera del otro lado.
Si te ha parecido que te dejaron de lado para siempre, esta frase ofrece un veredicto distinto que vale la pena considerar en serio.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.