Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.
Encomienda tu camino a Jehová. No solo tus sentimientos, ni tus oraciones, ni tus buenas intenciones — tu camino, el camino real que estás recorriendo, las decisiones que estás sopesando ahora mismo. Es un pedido más grande de lo que parece a primera vista.
A la mayoría no nos cuesta entregarle a Dios las partes de la vida que ya tenemos resueltas. Son las partes sin resolver — el trabajo incierto, la relación que no logramos entender, el plan que sigue desmoronándose — las que solemos sujetar con más fuerza, como si nuestro control fuera lo único que impide que todo se derrumbe.
Este versículo sugiere lo contrario: que las cosas se mueven cuando sueltas, no cuando aprietas más. "Él hará" no es la garantía de un resultado específico. Es la afirmación de que no estás cargando esto solo, aunque lo sienta así. Vale la pena poner a prueba esa afirmación, en lugar de simplemente asumir algo u otro.
Si has estado aferrándote con todas tus fuerzas a una decisión que no avanza, quizás valga la pena preguntarte quién es realmente este Dios antes de seguir sosteniéndolo todo tú solo.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.