Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
El pan no te pide mucho. Es el alimento más sencillo que existe — lo que la gente come cuando no hay nada más elaborado disponible, cuando solo necesita dejar de tener hambre. Es exactamente esa la palabra que Jesús elige para describirse a sí mismo, y vale la pena detenerse a pensar por qué.
No está ofreciendo algo exótico, reservado para quienes ya entendieron la vida espiritual. Está ofreciendo algo tan básico y necesario como el alimento que te mantiene vivo día tras día. "El que a mí viene" — no el que lo mereció, no el que se calificó. Solo quien aparece con hambre.
Si tu idea de la fe siempre implicó reglas lejanas y complicadas que tendrías que dominar primero, este versículo apunta a algo mucho más simple. Pregunta si tienes hambre — y si estás dispuesto a venir a descubrir si esta promesa es verdadera.
Si la fe siempre te pareció algo que tendrías que ganarte poco a poco, esta promesa sobre el pan quizás merezca una segunda mirada.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.