Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Esta línea suena casi como un encogimiento de hombros al principio — claro que hay una temporada para todo, así funciona el tiempo. Pero quédate un poco más con ella y empieza a hacer otra cosa: está dando permiso para que las cosas tomen el tiempo que realmente necesitan.
Vivimos en una cultura que trata la demora como fracaso. Si todavía no ha pasado, algo debe estar mal. Este versículo empuja contra ese instinto, insistiendo en silencio que el tiempo correcto no es lo mismo que la negligencia. Una temporada que aún no llega no es una temporada cancelada.
Si hay una parte de tu vida que se siente estancada ahora mismo — una relación, un cambio que estás esperando, una versión de ti mismo en la que todavía no te has convertido — este versículo no promete que será fácil. Solo sugiere que "todavía no" y "nunca" no son la misma frase.
Si estás esperando algo que todavía no llega, tal vez valga la pena considerar que Dios trabaja en temporadas cuya forma no siempre podemos ver.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.