No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.
Fíjate en lo que este versículo no promete: no dice que la razón para dejar de temer es que nada malo va a pasar. La razón que da es mucho más concreta y, honestamente, más creíble — yo estoy contigo.
Ese es un tipo de consuelo distinto de las garantías comunes que suele ofrecer la gente. "Todo va a salir bien" es una suposición. "Estoy contigo" es una presencia, una promesa que puede sostenerse incluso cuando las cosas no salen bien. La fuerza y el apoyo no se presentan aquí como algo que tienes que generar tú solo — se ofrecen desde alguien que se queda cerca, no desde alguien que anima a gritos desde lejos.
No necesitas confiar todavía en esa voz para notar la diferencia entre que te digan que no te preocupes y que te digan que no vas a enfrentarlo solo. Esa diferencia vale la pena considerarla, sobre todo en los días en que el miedo grita más fuerte.
Si lo que realmente necesitas no es la garantía de que todo saldrá bien, sino la certeza de que no lo enfrentarás solo, vale la pena descubrir quién te lo está ofreciendo.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.