Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Polillas, óxido, ladrones — Jesús enumera las formas en que todo lo que puedes sostener termina escapándose. Nada que puedas tocar está exento de deteriorarse o perderse, por más cuidado que pongas en protegerlo. Eso no es pesimismo; es solo un inventario honesto de lo que el dinero y las posesiones realmente son: temporales.
Luego viene la frase que reformula todo: donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. No al revés. No está diciendo que descubras qué amas y luego lo atesores — está diciendo que lo que atesores terminará dominando tu corazón, lo hayas planeado o no.
Vale la pena detenerse en eso un momento, aunque incomode. ¿Qué has estado atesorando en silencio — persiguiendo, protegiendo, organizando tu vida alrededor de eso? ¿Y se ha ganado ese tipo de dominio sobre ti? Este versículo no exige una respuesta ahora mismo. Solo pide que notes dónde ha estado viviendo realmente tu corazón.
Si te preguntas qué significaría atesorar algo que realmente perdura, esa es una pregunta que vale la pena seguir explorando.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.