No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.
Hay una honestidad en este versículo fácil de pasar por alto: ya asume que te vas a cansar. No dice que hacer el bien siempre se sentirá gratificante, que la bondad será notada, o que el esfuerzo dará fruto en tu propio tiempo. Solo dice que no te rindas antes de la cosecha, porque viene aunque todavía no puedas verla.
Eso es difícil de escuchar si hiciste algo generoso y nadie lo notó, o intentaste ser paciente con alguien y no recibiste nada a cambio. Cansarse de hacer el bien es real, no una señal de que estás roto. La pregunta que plantea este versículo no es si te vas a cansar — lo harás. Es si el cansancio va a ser lo que te detenga.
Quizás nunca has pensado de dónde viene realmente la voluntad de seguir sembrando cuando nada crece a la vista. Vale la pena preguntárselo, sea lo que sea que creas hoy sobre Dios.
Si te estás quedando sin razones para seguir adelante, puede ayudar mirar de dónde viene este tipo de perseverancia.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.