Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
"Sacrificio vivo" es una frase extraña si te detienes a pensarla. Un sacrificio, en la mayoría de las religiones antiguas, era algo que moría en un altar y ahí terminaba. A este se le pide seguir respirando, seguir caminando, y aun así estar totalmente entregado — culto medido en una vida entera, no en una hora programada.
Es una afirmación más grande de lo que la mayoría espera de la religión. No pide un gesto ocasional ni una mañana de domingo. Sugiere que las cosas ordinarias de un martes cualquiera — cómo tratas a la gente, qué haces con tu tiempo, qué dejas que te importe — son la sustancia real de esto, no la excepción.
Si has supuesto que la fe es sobre todo un edificio o un ritual, este versículo empuja en otra dirección: pregunta cómo se vería entregar el día entero, ordinario, y no solo las partes que se sienten espirituales.
Si te has preguntado si la fe podría en verdad dar forma a un martes ordinario y no solo a un domingo, vale la pena pensarlo más.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.