Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán.
Cuando pases por las aguas — no si pasas. Isaías no escribe a personas que quizás algún día enfrenten algo abrumador. Escribe a personas que ya están en eso, o a punto de estarlo. La promesa no es un desvío alrededor de la inundación. Es presencia dentro de ella.
Vale la pena notar esto si alguna vez pensaste que la fe debía ser un escudo contra que ocurrieran cosas difíciles. Este versículo no ofrece eso. Ofrece algo más específico: yo estaré contigo, y no te anegarán. El agua sigue siendo real. Los ríos siguen creciendo. Pero el resultado no es ahogarse.
No necesitas haber superado ya tu propia inundación para que esto te aplique. Puede que estés justo en medio de ella ahora. Este versículo fue escrito exactamente para ese momento — no la calma de después, sino la mitad del cruce.
Si estás en medio de tu propia inundación ahora mismo, tal vez valga la pena preguntarte si de verdad la estás cruzando solo.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.