Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
"Mirad" — Juan no solo cuenta el hecho, pide que lo mires. Detente, mira de verdad, porque este tipo de amor no es común. Ser llamado hijo de Dios no es un título entregado por buen comportamiento. Es una relación ofrecida antes de ser merecida.
La mayoría cargamos una cuenta silenciosa de cuánto tendríamos que arreglar antes de pertenecer a algún lugar que realmente importara. Comportarnos mejor, creer con más convicción, ser menos complicados. Este versículo se salta esa cuenta por completo. Dice que el llamado ya ocurrió — y lo somos, en presente, no algún día.
No necesitas sentir que perteneces todavía para que esto sea cierto. Puedes simplemente mirar esta afirmación con honestidad, como pide Juan, y ver qué haces con ella.
Si nunca te has permitido mirar de verdad esta afirmación en lugar de descartarla, hoy puede ser un buen día para hacerlo.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.