La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Hay paz que puedes comprar, tomar prestada o fabricar por un rato — unas buenas vacaciones, un trago fuerte, una distracción lo bastante ruidosa para ahogar el ruido en tu cabeza. Funciona hasta que deja de funcionar. Es alquilada, no es tuya, y la cuenta siempre llega.
Jesús traza una línea firme aquí: lo que ofrece no es ese tipo de paz. No es la versión del mundo, que depende de que las circunstancias se mantengan tranquilas. Estas palabras llegan justo antes de que él camine hacia su propia muerte — lo que significa que, sea cual sea esta paz, no es la ausencia de cosas difíciles. Es algo que se sostiene mientras la cosa difícil está pasando.
Es una afirmación audaz, y merece una mirada honesta en vez de un sí o no apresurado. ¿Qué haría falta para que de verdad pusieras a prueba si existe una paz así — una que no dependa de que tus circunstancias cooperen primero?
Si la paz que has intentado hasta ahora siempre se ha terminado, tal vez valga la pena descubrir a qué se refería Jesús con una paz que el mundo no puede dar.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.