Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
La preocupación tiene esa costumbre de hacer cuentas sobre días que todavía no han pasado. Calculas mañana, la próxima semana, el año entero — y el peso de todo eso cae sobre los hombros de hoy, que nunca fueron hechos para cargarlo.
Jesús dice algo casi directo aquí: no hagas esa cuenta. El mañana traerá su propia dificultad, y podrá cargar su propio peso cuando llegue. Hoy solo tiene espacio para la porción de hoy. Eso no es negar que vienen cosas difíciles — es el permiso para dejar de vivirlas antes de tiempo.
Quizás todavía no sepas bien qué piensas sobre un Dios capaz de sostener de verdad un día así. Pero vale la pena preguntarte con honestidad: ¿cómo sería soltar el mañana, solo por hoy, y ver si hay Alguien ahí para sostenerlo?
Si el peso de 'lo que viene' alguna vez se sintió más pesado que lo que en verdad tienes delante, esa es una pregunta que vale la pena enfrentar con honestidad.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.