Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Jesús parte de algo sorprendente aquí: que la oración de verdad ocurre lejos de público. "Entra en tu aposento, y cerrada la puerta" — no porque orar sea vergonzoso, sino porque él sabe qué fácil es convertirlo en actuación para otros en lugar de hablarle de verdad a Dios.
Eso resulta extrañamente reconfortante si la idea de orar te hace pensar en gente elocuente diciendo las palabras correctas frente a otros. Este versículo describe lo contrario — una puerta cerrada, nadie mirando, nada que hacer bien frente a nadie. Solo tú y un Padre que, dice Jesús, "ve en lo secreto".
Hay algo en esa frase que vale la pena mirar despacio: ve en lo secreto. No solo escucha las palabras, sino que ve a la persona detrás de ellas — la versión de ti que existe cuando nadie más está mirando. A esa versión se dirige esta oración, y al parecer, esa es la versión que de verdad le interesa a Dios.
Si la idea de orar solo, sin guion, te parece extraña, ese momento a puerta cerrada podría ser justo donde puede empezar una conversación honesta con Dios.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.