Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.
"Encomienda a Jehová tus obras" suena simple hasta que tratas de imaginar qué significa realmente entregar tu trabajo — tu empleo, tu proyecto paralelo, tus planes inconclusos — a alguien más. La mayoría sostenemos nuestro trabajo con fuerza precisamente porque no confiamos en que nadie más vaya a cuidarlo como nosotros.
Este proverbio hace una afirmación silenciosa: que Dios es lo bastante confiable como para que aflojes esa mano. No que dejes de trabajar, no que dejes de importarte — sino que la posesión ansiosa y crispada de cada resultado no se te exige, en realidad.
Si eso suena ingenuo, es una reacción justa. Pero vale la pena preguntarte hasta dónde te ha llevado tu propio esfuerzo hasta ahora, y si una opinión de afuera — sólida como roca, si es verdadera — no merecería confianza precisamente en las partes que de todos modos no controlas.
Si soltar esa mano suena imposible, tal vez valga la pena primero preguntarte quién es realmente ese Dios antes de decidir si es digno de confianza.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.