Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Pablo escribió esto cerca del final de su vida, después de errores que nunca dejó de mencionar — incluyendo, según su propio relato, haber perseguido activamente a quienes seguían a Jesús. Y aun así, ahí está, diciendo que olvida lo que queda atrás y se extiende a lo que está delante.
Eso no es lo mismo que fingir que el pasado no ocurrió. Es una decisión sobre dónde poner la atención ahora. El arrepentimiento puede convertirse en una especie de gravedad, que te jala de vuelta a revivir los mismos errores en bucle. Pablo describe a alguien liberado de esa gravedad — no porque se lo ganó, sino porque algo fuera de él le dio una razón para mirar hacia adelante.
Lo que sea que todavía estés reviviendo del año pasado, nota que este versículo no te pide olvidar a puro esfuerzo. Señala una meta que vale la pena perseguir, algo lo bastante fuerte como para aflojar el agarre que el pasado tiene sobre ti.
Si te preguntas si el pasado de verdad puede perder su fuerza sobre ti, tal vez ayude mirar con honestidad qué fue lo que, según Pablo, le dio esa libertad.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.