Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Hay dos grupos nombrados en este versículo — el cansado y el que no tiene fuerzas — y vale la pena notar que a ninguno de los dos se le pide hacer algo primero. Ninguna instrucción para esforzarse más, cavar más hondo, o encontrar un poco más de fuerza de voluntad. La fuerza descrita aquí no es una recompensa por el esfuerzo. Se le da a personas que ya no tienen nada más que ofrecer.
Eso va en contra de casi todo lo que nos enseñan sobre cómo funciona la fuerza. Suponemos que se construye con disciplina, se gana persistiendo. Este versículo describe algo que opera bajo el principio opuesto — llega justo en el punto donde tus propios recursos se agotan, no antes.
Si has estado funcionando con la reserva vacía y sientes que ya no tienes nada que ofrecerle a nadie, ni siquiera a Dios, este versículo sugiere que esa podría ser exactamente la condición para la que está pensada esta clase de fuerza.
Si sientes que ya no tienes nada que ofrecer, vale la pena descubrir si eso es en realidad el punto de partida, y no una descalificación.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.