Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Una rama cortada de la vid no muere de forma dramática. Simplemente, poco a poco, deja de producir algo que valga la pena, aunque siga pareciendo viva por un tiempo. Esa es la imagen que usa Jesús aquí, y es una imagen extraña para construir una fe sobre ella — no es obedecer más, no es esforzarse más, es simplemente permanecer conectado.
Hay algo casi reconfortante en eso si de verdad te detienes a pensarlo. El fruto no es tarea de la rama. Permanecer conectada, sí. Todo lo demás viene de ahí, o simplemente no sucede, por mucho que la rama se esfuerce sola.
Tal vez has pasado mucho tiempo tratando de producir algo — sentido, cambio, una versión de ti mismo que pudieras respetar — solo a fuerza de esfuerzo. Este versículo sugiere que ese es el eje equivocado de esfuerzo. La pregunta no es cuánto te estás esforzando. Es a qué estás conectado.
Si el esfuerzo por sí solo nunca terminó de llevarte adonde querías, quizá valga la pena explorar qué significaría en la práctica permanecer conectado a Jesús.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.