Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Hay una diferencia entre estar cansado y estar sin fuerzas — completamente sin recursos, sin nada más de dónde sacar. Este versículo pasa de largo el cansancio leve y habla directamente a ese segundo estado, más agotado: el de quien ya no tiene ningún vigor.
Lo que promete no es un discurso motivacional ni un motivo para esforzarte más con tus propias reservas. Es fuerza dada, vigor multiplicado, desde afuera de la persona que ya no tiene nada. Esa distinción importa si alguna vez intentaste obligarte a tener una energía que simplemente no tienes. El puro esfuerzo no fabrica fuerza de la nada. Algo tiene que suministrarla.
Si estás en el punto donde tu propio tanque marca vacío — no el cansancio común, sino realmente sin nada más que dar — este versículo no describe a alguien que necesita un empujoncito. Te describe exactamente a ti, y afirma que todavía hay una fuente disponible.
Si ya pasaste el cansancio común y estás en verdad en el fondo del tanque, quizás valga la pena descubrir cómo se supone que se siente en realidad esta fuerza prometida.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.