Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
"Por nada estéis afanosos" suena, a primera lectura, como el tipo de consejo que ignora cómo se siente en realidad la ansiedad — como si alguien te dijera simplemente que te calmes. Pero mira lo que sigue: no es una orden de dejar de sentir, es una invitación a poner en palabras, en voz alta, ante Dios, eso exacto que te aterra.
Eso es distinto a reprimir la preocupación. Es nombrarla con precisión — esta cuenta, este diagnóstico, esta relación que no sabes cómo arreglar — y entregarla en vez de cargarla solo, en tu cabeza, a las dos de la madrugada. La promesa que acompaña esto no es que el problema desaparezca. Es que algo descrito como una paz que sobrepasa todo entendimiento cuida tu mente de todos modos.
No necesitas lenguaje religioso para intentar esto con honestidad. Solo necesitas una cosa real que te tenga ansioso y la disposición de decirla claramente, para ver si algo responde.
Si la ansiedad ha sido la voz más fuerte en tu cabeza últimamente, quizás valga la pena descubrir cómo sería, en la práctica, entregarle una preocupación a Dios con honestidad.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.