Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
"Vosotros me seréis hijos e hijas." No empleados, no inquilinos, no admiradores distantes mantenidos a raya — familia, con toda la pertenencia que implica esa palabra. No es una metáfora que Dios use a la ligera; es una afirmación específica sobre el tipo de relación que se ofrece.
El lenguaje de familia significa algo distinto para cada quien. Para algunos es cálido e inmediato. Para otros es complicado, o es lo que nunca tuvieron del todo — un lugar donde te quieren sin condiciones, donde no tienes que actuar para seguir siendo bienvenido. Si esa segunda versión se parece más a tu historia, este versículo apunta justo a la brecha que ya sientes.
No te pide que ya sientas que eres familia antes de que sea verdad. Primero afirma la propuesta: esto es a lo que estás invitado. Lo que hagas con esa invitación — creerla, cuestionarla, dejar que repose un tiempo — es un asunto aparte. Pero la oferta en sí no espera a que te la ganes.
Si una pertenencia así te suena demasiado buena para ser real, vale la pena mirar con honestidad por qué Jesús decía que eso era posible.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.