Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.
Hay algo refrescante en una regla tan simple: que tu sí sea sí, y tu no sea no. Sin letra pequeña, sin medias tintas, sin decir una cosa y pensar otra. Jesús no está pidiendo aquí una ética complicada — está pidiendo personas cuya palabra realmente se pueda confiar.
A la mayoría nos ha decepcionado lo contrario. Una promesa que en secreto tenía una salida de emergencia. Un compromiso que, al final, dependía de cómo iba el día. Cansa lidiar con gente así, y agota convertirse en una de ellas.
Este versículo sugiere que algo distinto es posible — un tipo de integridad que no necesita juramentos ni garantías, porque la palabra de la persona ya es sólida. No necesitas comprometerte con nada para notar lo raro que es eso, o para preguntarte qué haría falta para convertirte en alguien así.
Si alguna vez has deseado que el mundo tuviera más personas en cuya palabra realmente puedas confiar, vale la pena preguntarse de dónde viene ese tipo de carácter.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.