Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
Lavar pies era tarea de siervo — el trabajo más sucio y más bajo de la casa. Jesús, llamado aquí Señor y Maestro, tomó la toalla Él mismo. Luego les dijo a los que miraban que hicieran lo mismo unos por otros.
Es un gesto extraño para alguien que reclama autoridad. La mayoría de las personas que llegan a una posición de respeto dejan de hacer las tareas que nadie quiere. Esta historia va en dirección contraria: quien tiene más estatus elige la tarea más baja, a propósito, como demostración.
Quizás te hayan lastimado personas religiosas más interesadas en ser servidas que en servir. Este momento se ofrece como el estándar real, no la excepción — un ejemplo dado, en las propias palabras de Jesús, para ser copiado. Vale la pena preguntar: ¿cómo sería si eso fuera realmente la norma, y no la rara excepción?
Si generalmente has visto que la religión exige servicio en lugar de darlo, este momento con la toalla merece una segunda mirada.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.