Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
La invitación de Dios aquí no es "resuélvelo tú solo y yo confirmo si acertaste". Es "clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces". Hay información ofrecida aquí a la que genuinamente no puedes acceder solo — no porque se esté reteniendo por maldad, sino porque algunas cosas solo se encuentran pidiendo.
Eso va en contra del instinto que mucha gente tiene de tratar la fe como algo a lo que deberías poder llegar solo con la razón, usando únicamente lo que puedes verificar de forma independiente. Este versículo describe un camino distinto: extender la mano primero, y descubrir cosas solo después de que esa mano se extiende, no antes.
Tal vez has intentado pensar hasta llegar a una certeza antes de estar dispuesto a decirle una palabra a Dios. Este versículo sugiere que el orden podría ser al revés — que clamar viene primero, y el entendimiento que no tenías viene después.
Si has estado esperando tener certeza antes de estar dispuesto a extender la mano, tal vez valga la pena intentar primero extenderla y ver qué sigue.
Un video corto sobre esto está por llegar — por ahora, sigue leyendo.